lunes 13 de julio de 2009

Alambrada


Hoy aliste maletas y me despedí.
Mi corazón era un péndulo entre él y la calle
Hasta que terminó por romperse
y quedar ensartado en el alambrado.

Me vio caminar sin hacer nada
Tal vez yo no quise arriesgar
Deje que las luces de neón distorsionaran mi cara
y el ruido de la calle desconectara mi cerebro.

Mi equipaje no pesa
de hecho no tengo nada
pero algo en mis hombros parece aplastarme

¿Qué será?, ¿Ustedes saben?

lunes 11 de mayo de 2009

Lluvia


Mi primera lágrima cae siempre por mi lado derecho
Es la primer línea brillante que aparece en mi mejilla y desemboca en mi cuello
No acostumbro a detener con mis dedos su recorrido
Me gusta mirar como resbalan, mientras mis ojos se vuelven más verdes y desde luego más tristes.

Antes de que esa lágrima aparezca, hay un trueno mudo que retumba mi cabeza
Mis ojos se nublan y luego de esa gota de sal, queda una mirada clara, limpia, perfecta…
Lo demás son imágenes que; como nubes negras, alimentan más esa lluvia propia.
Una lluvia en silencio, sin gemidos ni sollozos con un último suspiro que logra aclarar en algo el cielo

martes 31 de marzo de 2009

Tarde de fútbol




Hace dos meses que no limpio la casa. El polvo ha cubierto todo lo visible, la alfombra tiene manchas. Nadie ha venido a verme. Hay ropa en el piso y la cama está des tendida.

Hoy hay fútbol y quisiera ver el partido echado en mi cama, comiendo crispetas y regando las boronas por el suelo. Más suciedad qué más da…

Faltan cinco minutos para el pitazo inicial, como dicen los narradores. Los jugadores ya están formados cantando los himnos y mandando besos ridículos mientras la cámara los muestra. Alguien golpea a la puerta, ¿quién podrá ser?, no me gusta abrir en pijama y la rabia me sube cuando llega alguien sin avisar y el partido empieza.

Miro por la ventana y una mujer con un gran abrigo está al frente, parece un tronco de madera, sin forma ni movimiento, gordo y achatado.

Abro la puerta y el ruido la regresa al lugar para sorpresa de ella y desde luego mía. Cuando hace un tímido giro reconozco sus inmensos ojos azules, donde se refleja la vida, la que está al frente y la que pasó. Yo sólo veo la que fue y me siento tan ridículo como los que mandan besos.

-He venido a recoger las cosas que me quedan, tardaré poco. Vine a esta hora porque sé que estás viendo el partido y no te importa el resto-.

Entró y abrió la cremallera de su abrigo, sacó una bolsa y empezó a seleccionar cosas, como quién escoge productos en el mercado. Yo estaba enmudecido, cerré la puerta y me quede frente al televisor escuchando sus pasos. El partido iba 2 a 0 en el minuto 8 y yo no tenía ni idea.

La imaginaba empacando su crema de nueces para las manchas, su pijama gris y los recortes de Rolling Stone. El afiche de Black Sabbath y el esmalte negro, nada más suyo que eso.

-Cuídate- Fue lo único que dijo, mientras cerraba la bolsa. No me miró a los ojos, abrió la puerta y cerró suave.

¡Que su dinero no esté en el lugar equivocado! gritaba la T.V. Mi casa siguió tan abandonada como mi alma. El partido, a los 45 minutos, lo perdíamos 4 a 2… era cuando más necesitaba un abrazo de gol.

domingo 25 de enero de 2009

Un gol sin abrazo


Morro conmigo.
Yo me pido a peque.
Umm, entonces conmigo José, a ver cuánto dura de pié.
Listo, chupo con nosotros y usted ¿cómo es que se llama? Al gol.


Un partido más en la cancha de El Tablón, el barrio más empinado de todo el pueblo. Lo único plano es esta cancha y las mesas de billar de la tienda de Don Roque.
El piso todavía está mojado y los arqueros juegan con los charcos, mientras el balón se enreda en los cordones sueltos de cuatro jugadores.
José intenta tocar el balón por primera vez, pero termina en el piso. Van 12 minutos de juego y su zapato no ha rozado los rombos descocidos de cuero.
El más animado es Peque. Le dicen así por su metro de estatura, ha tenido el balón la mayoría del tiempo y cuando no es así, busca la forma de acercarse, de tocarlo o de hacer zancadillas para detener el juego.

Andrés está aburrido. Es nuevo en el barrio y por eso nadie lo ha pedido en la formación de los equipos. Tiene fe en que peque haga el gol y poder jugar como delantero y además estrenar sus tennis. Nadie lo ha notado, pero sus cordones son los más limpios y los tiene bien amarrados para que ninguno caiga en los charcos pos aguacero.

Ya casi oscurece y los arqueros bostezan. Ningún intento de gol, sus guantes siguen límpios y los charcos ya casi se secan. A morro- el dueño del balón y por lo tanto el formador de los equipos- se le ocurre la idea de dejar jugar al nuevo a ver que tanto sabe

Oiga Andrés usted con nosotros…

Andrés frota sus manos y hace saltos pequeños, entra a la cancha y comienza el juego para él. Recibe el pase de José y se adelanta, es bueno con el balón, no se enreda y es capaz de alzar la cabeza para mirar a sus compañeros. No ve a nadie y sigue. No conoce la cancha pero se atreve. Detiene el balón toma fuerza y con su pierna izquierda lanza…

Gol! Gol! Es el gol más rápido que he hecho. Grita mientras corre por la cancha pisando los charcos. Nunca había pasado un balón tan rápido y fuerte por la cara del arquero

¡Que hizo hermano, este nuevon sí ah! Dice Morro manoteando y escupiendo. Es que usted no ve, le dice peque.

Al nuevo se olvido que estaba en la cancha más alta del pueblo. Nadie más volvió a ver el balón. Desde ahí a Andrés sólo lo dejaban jugar de arquero y entiende porque de ese barrio nunca ha salido un buen delantero.

martes 23 de diciembre de 2008

A espaldas


A usted

Dar la espalda significa tener que mirar adelante, imaginando lo que quedó atrás
Comenzar sin ganas o con más a encontrar nuevos rostros
nuevamente mirar a los ojos y poder confiar
creer, pensar, sentir y lo más importante: decidir.

Cuando das la espalda, queda una imagen
La imagen de un camino marcado, que alguna vez fue cálido y suave
Que alguna vez sintió frío y encontró calor
Una espalda que algún día, necesitó un abrazo de gol

jueves 20 de noviembre de 2008

Y Punto.



Es mejor poner puntos. Puntos finales y definitivos.
Puntos aparte que hagan tomar distancia y escribir nuevos párrafos
Puntos que digan otras ideas y piensen otros mundos.
Puntos que no se escuden en la fila indecisa de los suspensivos
No son más que interrogaciones hechas al aire
Donde su grafo no cierra y todo es inconcluso.


Los puntos definitivos son tan importantes como los de las tablas
Que sí suman, que sí cuentan, que sí se piensan.
Es más fácil dejar en el rostro del doce tres puntos suspensivos
Que once consigan tres puntos definitivos.


Cada domingo hay una nueva oportunidad de conseguir puntos
Puntos contundentes y merecidos.
Puntos que se conviertan en una línea fuerte
y no una sucesión infinita de puntos.

miércoles 5 de noviembre de 2008

Cúbrete, está lloviendo


La has visto ¿verdad?

Ves que camina por las mismas calles y casi a la misma hora. ¿Le huyes?

Por qué proteges a tus hijos cuando la vez pasar y cambias de acera cuando viene.

Le temes a que ella te reconozca, a que recuerde que tú eras su amigo de juegos, de helado en el parque y las primeras embarradas. Que también le escondías las flores que le mandaban sus amigos y no te gustaba que llegara tarde del colegio.

¡Como le gustan las flores!. Ayer mismo llevaba unas flores de muchos colores, tal vez las encontró en una plaza de mercado o a la salida de un cementerio.

¿Hoy ya la viste? No es extraño que aún no haya pasado con sus grandes sacos y su morral sucio. No te preocupa…

Mejor será que ya no mires por la ventana y atiendas el Glub del computador que destella. Alguien se quiere comunicar contigo.

… Ya casi es hora del almuerzo. Saldrás cubriéndote de la lluvia, caminaras junto con tus compañeros de oficina. Comerás la misma ensalada, pondrás salsa a la carne y finalmente reirás cuando traigan el acostumbrado jugo de tomate.

No te imaginarás que en la esquina del parque, frente a la panadería Salermo la zona estará acordonada y una mujer joven con algunas flores en la mano y en su extraño vestido blanco estará inmóvil en el pavimento. Sólo habrá curiosos, nadie la llorará y seguramente la policía la tendrá unas horas en una bandeja del anfiteatro. Mientras hacen el levantamiento lloverá. Su cabello, sus labios y su rostro se limpiaran con las gotas que caen una a una y parecerá que la vida de niños se fue cubierta en una sabana blanca.