
Morro conmigo.
Yo me pido a peque.
Umm, entonces conmigo José, a ver cuánto dura de pié.
Listo, chupo con nosotros y usted ¿cómo es que se llama? Al gol.
Un partido más en la cancha de El Tablón, el barrio más empinado de todo el pueblo. Lo único plano es esta cancha y las mesas de billar de la tienda de Don Roque.
El piso todavía está mojado y los arqueros juegan con los charcos, mientras el balón se enreda en los cordones sueltos de cuatro jugadores.
José intenta tocar el balón por primera vez, pero termina en el piso. Van 12 minutos de juego y su zapato no ha rozado los rombos descocidos de cuero.
El más animado es Peque. Le dicen así por su metro de estatura, ha tenido el balón la mayoría del tiempo y cuando no es así, busca la forma de acercarse, de tocarlo o de hacer zancadillas para detener el juego.
Andrés está aburrido. Es nuevo en el barrio y por eso nadie lo ha pedido en la formación de los equipos. Tiene fe en que peque haga el gol y poder jugar como delantero y además estrenar sus tennis. Nadie lo ha notado, pero sus cordones son los más limpios y los tiene bien amarrados para que ninguno caiga en los charcos pos aguacero.
Ya casi oscurece y los arqueros bostezan. Ningún intento de gol, sus guantes siguen límpios y los charcos ya casi se secan. A morro- el dueño del balón y por lo tanto el formador de los equipos- se le ocurre la idea de dejar jugar al nuevo a ver que tanto sabe
Oiga Andrés usted con nosotros…
Andrés frota sus manos y hace saltos pequeños, entra a la cancha y comienza el juego para él. Recibe el pase de José y se adelanta, es bueno con el balón, no se enreda y es capaz de alzar la cabeza para mirar a sus compañeros. No ve a nadie y sigue. No conoce la cancha pero se atreve. Detiene el balón toma fuerza y con su pierna izquierda lanza…
Gol! Gol! Es el gol más rápido que he hecho. Grita mientras corre por la cancha pisando los charcos. Nunca había pasado un balón tan rápido y fuerte por la cara del arquero
¡Que hizo hermano, este nuevon sí ah! Dice Morro manoteando y escupiendo. Es que usted no ve, le dice peque.
Al nuevo se olvido que estaba en la cancha más alta del pueblo. Nadie más volvió a ver el balón. Desde ahí a Andrés sólo lo dejaban jugar de arquero y entiende porque de ese barrio nunca ha salido un buen delantero.